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Advierte investigadora del Cinvestav de altos contaminantes en el aire que altera las funciones del organismo y que contribuyen a enfermedades crónicas

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10-09-2021.- La especialista del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Andrea De Vizcaya Ruiz, advirtió que la exposición a contaminantes en el aire, como son las micropartículas de material de construcción así como el diésel, altera diversas funciones del organismo, contribuyendo al desarrollo de enfermedades crónicas.

Asimismo, destacó el daño ocasionado por las cementeras, las caleras, los bancos de materiales y las refinerías, en el caso de las tres primeras ocasionan serios problemas a las familias de Progreso, Umán y Chocholá, entre otros municipios aledaños.
Únicamente en Yucatán no hay problemas con las refinerías, dado que no existen en la entidad, pero es más notable las secuelas de las micropartículas de cemento, cal, polvo para construcción, entre otros materiales destinados para viviendas.
Coincidió con la postura de su homóloga del Cinvestav, María de los Ángeles Andrade Oliva; el presidente del Colegio de Ingenieros Químicos de Yucatán (CIQY), Alan García Lira; el director del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Antonio Vieyra Medrano; el presidente de la Sociedad Yucateca de Ingeniería Sanitaria y Ambiental (Syisaac), Abar Wilde Yerves Maldonado, y el presidente de la Academia Mexicana de Impacto Ambiental (Amia), Daniel Basurto González.
Todos ellos sustentan las denuncias establecidas por los vecinos de Chocholá, Progreso y Umán, cuya situación ha empeorado con el establecimiento de las plantas de molienda de Cementos Fortaleza así como de Holcim México.
Incluso, se prevé el establecimiento la planta de cemento Cruz Azul, y recientemente se aprobó el Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA) para la construcción de una nueva cementera a los socios Ricardo Alessio Robles Cerda y Carlos Alberto Tirado Enríquez, señalados por crear empresas en paraísos fiscales, además que sus nombres aparecen en la lista de los Panamá Papers.
De acuerdo con la especialista, el diésel es utilizado en diversos medios de transporte y en la maquinaria para la construcción, y las emisiones que se generan durante el proceso de su combustión en los motores han sido asociadas con varias enfermedades crónicas, cardiopulmonares e incluso cáncer de pulmón.
La investigadora del Departamento de Toxicología del Cinvestav señaló que la composición de los contaminantes emitidos por este combustible depende de las características del motor, las condiciones de su funcionamiento y si el vehículo o la maquinaría cuentan con filtro de partículas.
Comentó que cuando la combustión del diésel es eficiente se producen agua y dióxido de carbono, pero si es incompleta, el resultado son gases, compuestos tóxicos y partículas que se quedan suspendidas en el aire.
De acuerdo con el “Inventario de Emisiones de la Ciudad de México 2016”, el sector transporte, en su mayoría unidades pesadas que utilizan diésel y autos particulares a gasolina, contribuye con 56 por ciento de las partículas finas (menores a 2.5 micras).
Al ser de tamaño tan pequeño y contener metales e hidrocarburos aromáticos policíclicos, estas partículas tienen mayor capacidad de penetrar a las regiones profundas del sistema respiratorio, dañar los epitelios bronquiales y alveolares, y pueden pasar al torrente sanguíneo, afectando a otros órganos como el corazón, el hígado, los riñones, el cerebro y los involucrados en el sistema reproductivo.
Además, la exposición a la contaminación en el aire durante la etapa intrauterina induce daño a nivel epigenético (en la expresión de los genes) que se traduce en mayor susceptibilidad de padecer enfermedades crónicas y cardiovasculares.
A partir de diversos estudios in vitro y en modelos animales, se ha identificado que entre los mecanismos involucrados en el daño tras la exposición a emisiones de diésel (óxidos de nitrógeno y de azufre, precursores de ozono, y partículas finas) están la respuesta inflamatoria y el estrés oxidativo, explicó la investigadora.
La inflamación se activa ante una agresión, como lo es un compuesto tóxico, y consiste en liberar un tipo de proteínas llamadas citocinas para que el sistema inmune cumpla su función y el daño sea controlado; sin embargo, cuando la respuesta inflamatoria es exagerada puede ser contraproducente.
La interacción con varias partículas lleva a respuestas de inflamación aumentadas que han sido asociadas a enfermedades respiratorias (asma, cáncer de pulmón o enfermedad pulmonar obstructiva crónica, por ejemplo), afectaciones cardiovasculares y renales, además de otros padecimientos.
La otra vía de toxicidad por material particulado emitido por los automotores, las quemas y los procesos de construcción, entre otros, es el estrés oxidativo. Este se refiere al desequilibrio entre los radicales libres (moléculas que pueden causar daño a nivel celular) y el sistema de defensa antioxidante de los seres vivos.
Toda esta información en conjunto indica que la exposición a contaminantes en el aire altera diversas funciones del organismo, contribuyendo al desarrollo de enfermedades crónicas más allá de las relacionadas con las vías respiratorias. Por lo que es necesario seguir estudiando los impactos en la salud, pero también trabajar en el control de las emisiones en Ciudad de México y en otras zonas urbanas, indicó Andrea De Vizcaya.

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