Ante cientos de familias, infantes, papás y personas de la tercera edad , Sergio Vadillo no solo fungió como promotor de una función de lucha libre; también se puso el equipo y subió al ring de la política, un escenario donde las victorias no se consiguen por nocaut, sino con presencia, cercanía y constancia.
La lucha libre tiene reglas claras. Tres caídas, resistencia, estrategia y saber levantarse después de cada castigo.
La política no es muy distinta. Cada colonia es una arena, cada evento una función y cada ciudadano un juez que decide quién merece llevarse el cinturón.
Vadillo parece haber encontrado una llave distinta para conectar con la gente. La convivencia familiar, pues mientras unos buscan el aplauso desde la tribuna, él apuesta por ganárselo desde la lona, entre máscaras, ovaciones y el contacto directo con los vecinos.
La campana ya sonó. Apenas fue el primer asalto de una lucha política pactada a tres caídas.
Falta ver quién aplica las mejores llaves, quién resiste los castigos y, sobre todo, quién termina levantando el cinturón cuando llegue la función estelar.